Colombia, Perú y México utilizan distintos mecanismos para amortiguar la volatilidad internacional de los carburantes. En Bolivia, expertos como Raúl Velásquez y Jaime Balanza también plantean fondos de estabilización, mientras Álvaro Ríos propone avanzar hacia precios de mercado y subsidios focalizados.
El precio de los combustibles se ha convertido nuevamente en uno de los principales desafíos económicos de Bolivia. El incremento del costo internacional del petróleo, la dependencia de las importaciones y las restricciones de divisas han puesto en evidencia los límites de mantener durante largos periodos un precio interno alejado del costo real.
Pero Bolivia no necesariamente tendría que elegir entre dos extremos: mantener una subvención generalizada o liberar completamente el precio de los carburantes.
En Sudamérica existen mecanismos intermedios destinados precisamente a amortiguar los movimientos internacionales. Colombia utiliza un fondo de estabilización; Perú combina un fondo con una banda de precios; y México emplea estímulos tributarios para reducir temporalmente el impacto sobre el consumidor.
Colombia: ahorrar cuando se puede y compensar cuando hace falta
El Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) colombiano busca reducir el impacto de las fluctuaciones internacionales sobre el mercado interno.
La lógica es que cuando existe una diferencia entre el precio internacional y el precio interno, el fondo puede absorber parte del impacto. En períodos favorables, el mecanismo puede generar recursos que luego son utilizados cuando los precios internacionales aumentan.
El sistema, sin embargo, también muestra una advertencia para Bolivia: si el precio interno se mantiene durante demasiado tiempo por debajo del costo internacional, el mecanismo puede transformarse en una pesada carga fiscal. En 2026, el FEPC colombiano continúa generando presiones sobre las cuentas públicas.
La lección colombiana no sería copiar el fondo, sino incorporar una regla anticíclica con límites fiscales.
Perú: una banda para evitar saltos bruscos
Perú utiliza el Fondo para la Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) y un mecanismo de bandas.
La idea es establecer referencias de precios y utilizar compensaciones o aportaciones cuando las cotizaciones internacionales se alejan de determinados rangos.
De esa manera, el precio interno no queda completamente congelado, pero tampoco recibe de manera inmediata todo el impacto de una subida internacional.
El modelo peruano resulta especialmente interesante para Bolivia porque introduce un concepto clave: el precio puede moverse, pero dentro de reglas previamente establecidas.
En agosto de 2026, el FEPC peruano continúa siendo objeto de discusión por las obligaciones acumuladas del mecanismo, otra señal de que la estabilización también requiere disciplina fiscal.
México: utilizar los impuestos como amortiguador
México utiliza una herramienta diferente: el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).
Cuando aumentan los precios internacionales, el Gobierno puede incrementar temporalmente el estímulo fiscal y reducir la carga efectiva del impuesto sobre los combustibles.
En términos sencillos: sube el petróleo → aumenta el estímulo → baja el impuesto efectivo → se amortigua el incremento al consumidor.
Cuando las condiciones internacionales mejoran, el estímulo puede reducirse. El mecanismo permite al Estado actuar sobre un componente del precio sin establecer necesariamente un precio fijo permanente.
Bolivia: la discusión que no parece encontrar consenso
Construir un mecanismo de estabilización no se trata de copiar el modelo de otros países, considerando realidades tan diversas. Sin embargo, hay voces de expertos que proponen mecanismos con ciertas similitudes.
El investigador de la Fundación Jubileo, Raúl Velásquez, planteó recientemente eliminar la subvención a la gasolina y al diésel y vincular sus precios con el mercado internacional. Pero su propuesta incorpora un elemento clave: crear un fondo de estabilización para amortiguar las variaciones internacionales y evitar aumentos bruscos.
También propone reemplazar la subvención general por mecanismos de compensación focalizada y facilitar la participación privada en la importación y almacenamiento de carburantes.
Su planteamiento toma como referencia un precio regional cercano a Bs 15,92 por litro, aunque se trata de una propuesta del especialista y no de un precio establecido por el Gobierno.
En marzo de 2026, el especialista en hidrocarburos Jaime Balanza también planteó la creación de un fondo de estabilización ante el riesgo de que una subida internacional del petróleo obligara nuevamente al Estado a incrementar la subvención.
Su advertencia apuntaba a un problema central: mantener precios internos fijos mientras aumentan los costos internacionales puede traducirse en mayor déficit y salida de divisas.
Por su parte, el exministro y analista energético Álvaro Ríos mantiene una posición más orientada hacia la eliminación de los subsidios a los carburantes.
Ríos sostiene que los combustibles no pueden continuar subsidiados indefinidamente y plantea avanzar hacia precios vinculados al mercado internacional, junto con una mayor participación privada en la importación. También considera que algunas ayudas deberían focalizarse en los sectores más vulnerables, en lugar de mantener una subvención generalizada.
En agosto, calificó como un paso en la dirección correcta el incremento del precio del diésel para grandes consumidores, aunque advirtió que la medida todavía es parcial y que deben evitarse desvíos hacia mercados ilegales.
Dato histórico curioso
Existe un antecedente histórico poco conocido. De acuerdo con una revisión de INESAD, el esquema aplicado en Bolivia entre 1997 y 2004 ya contemplaba mecanismos de amortiguación ante las fluctuaciones internacionales, mediante ajustes al Impuesto Especial a los Hidrocarburos y sus Derivados (IEHD) y un fondo de estabilización asociado a una banda de precios.
Ese mecanismo antecedió al sistema de precio fijo que comenzó a consolidarse posteriormente. En 2004, el Gobierno de Carlos Mesa fijó el precio interno del petróleo en US$27,11 por barril, modificando la lógica anterior.
Esto significa que la discusión actual no necesariamente consiste en inventar un modelo completamente nuevo. Bolivia ya experimentó con una fórmula que combinaba banda de precios, componente tributario y fondo de estabilización.
La pregunta ahora es si ese concepto podría ser rediseñado para las condiciones actuales.
¿Qué podría tomar Bolivia de sus vecinos?
Una eventual fórmula boliviana podría combinar elementos de los tres modelos.
La experiencia nacional plantea además una cuarta pieza: proteger directamente a quienes más necesitan el combustible subsidiado, en lugar de subsidiar indiscriminadamente cada litro consumido.
Una política de estabilización tendría que responder a dos objetivos que a primera vista parecen contradictorios: evitar un shock abrupto para las familias y el aparato productivo, pero también impedir que el Estado vuelva a asumir indefinidamente el costo de la diferencia.
La pregunta que queda abierta
¿Puede Bolivia construir un sistema que permita que los precios se ajusten al mercado internacional, pero de manera gradual, previsible y con protección para los sectores que realmente la necesitan?
La respuesta podría encontrarse en una combinación de experiencias regionales y propuestas nacionales: no congelar el precio, no dejarlo completamente a merced de los shocks internacionales, sino administrar su volatilidad con reglas, ahorro en los períodos favorables y protección focalizada cuando sea necesario.
Fuente: Varios