La Revolución del Cabildo del 28 de enero de 2005, conocida como el "Cabildo de la Verdad", marcó un antes y un después en la historia política de Bolivia.
Por Jorge Santistevan Hurtado
Este acontecimiento no surgió de manera espontánea, sino que fue el resultado de un proceso de tensiones acumuladas entre el Estado central y el departamento de Santa Cruz, en un contexto de crisis social, económica y política que se arrastraba desde el año 2004.
El punto de partida puede ubicarse el 22 de junio de 2004, cuando la dirigencia cívica cruceña, liderada por Rubén Costas Aguilera, convocó a un cabildo en el que se planteó la llamada Agenda de Junio. Esta agenda expresaba el rechazo a los bloqueos, al centralismo estatal y a la violencia social, además de exigir la convocatoria a un referéndum nacional sobre las autonomías departamentales. La demanda autonómica comenzaba a consolidarse como una aspiración colectiva, no solo regional, sino con proyección nacional.
La situación se agravó cuando el gobierno del entonces presidente Carlos Mesa decidió incrementar el precio de la gasolina y el diésel. Esta medida generó un fuerte rechazo social y provocó que el año 2005 se iniciara con un paro de transportistas en contra del alza de los combustibles. El 5 de enero, una multitudinaria marcha fue reprimida por el prefecto.
Pocos días después, las declaraciones del presidente Mesa, quien afirmó que la lucha cruceña respondía a intereses particulares y no al bienestar de toda Bolivia, profundizaron el conflicto. En respuesta, el Comité Cívico Pro Santa Cruz convocó a un paro de 48 horas los días 11 y 12 de enero. La movilización social siguió creciendo y el 17 de enero se inició una huelga general encabezada por estudiantes de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, a la que se sumaron cívicos, empresarios, pueblos indígenas, campesinos y vecinos. Al día siguiente, se instalaron piquetes de huelga en todas las provincias del departamento.
La tensión entre el Estado central y Santa Cruz alcanzó su punto máximo el 21 de enero, cuando una gran marcha exigió la convocatoria a un cabildo para la semana siguiente. Ante la presión social, el gobierno intentó negociar el precio de los combustibles y prometió, de manera verbal, la elección de prefectos. Sin embargo, estas promesas no lograron desmovilizar a la población.
Fue así que el 28 de enero de 2005 se llevó a cabo el histórico Cabildo de la Verdad. En ese escenario, Rubén Costas pronunció una de las frases más emblemáticas del movimiento autonómico: "En la Bolivia de hoy, sólo un tipo de frontera existe: entre los que marchan hacia atrás y los que caminamos hacia adelante, entre los que van hacia el abismo y los que buscamos las soluciones, entre los que se anclaron en el pasado y los que construimos el porvenir".
Durante el cabildo se planteó la refundación de Bolivia sobre la base de una revolución pacífica: una revolución de amor, de identidad y de unidad nacional, simbolizada por el patujú, la bandera cruceña y la tricolor boliviana. Rubén Costas propuso "un gran acuerdo nacional, un nuevo contrato social, una mesa sin cabecera, sin hegemonías ni imposiciones".
El cabildo logró tres conquistas fundamentales. En primer lugar, la elección de prefectos en todos los departamentos del país; en segundo lugar, la conformación y posesión de la Asamblea Provisional Autonómica en Santa Cruz; y, finalmente, la entrega de más de 450.000 firmas a la Corte Nacional Electoral para exigir un referéndum nacional sobre la autonomía departamental.
Estas demandas comenzaron a materializarse meses después. Por primera vez en la historia del país, el 18 de diciembre de 2005, de manera simultánea a las elecciones presidenciales, los bolivianos acudimos a las urnas para elegir a los prefectos departamentales, hoy gobernadores. En el caso de Santa Cruz, se eligió al primer prefecto mediante voto popular: Rubén Costas, entonces presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz. De los nueve prefectos electos en esa jornada, seis no respondían a la línea política del partido gobernante, lo que los convirtió en un contrapeso real frente al poder central. Tras años marcados por conflictos, negociaciones y enfrentamientos políticos, el régimen autonómico departamental logró finalmente consolidarse con la promulgación de la Constitución Política del Estado en 2009
Es cierto que, desde entonces la autonomía ha sido sistemáticamente deformada y limitada por el gobierno central mediante normas, decisiones políticas y discursos que vacían su contenido. A ello se suman ciertos detractores autodenominados "defensores del cruceñismo", que han contribuido a confundir y debilitar el sentido original del proceso. Sin embargo, estas distorsiones no invalidan la conquista lograda por el pueblo cruceño y su liderazgo cívico; por el contrario, refuerzan la memoria colectiva y evidencian el temor del centralismo frente a una ciudadanía consciente.
"Nuestra autonomía, que nació en la legitimidad popular y se consolidó en la legalidad constitucional, fue y seguirá siendo una revolución genuina. Hoy, defenderla implica ir más allá del discurso y exigir un verdadero pacto fiscal, condición indispensable para ejercer competencias, responder con rapidez a las necesidades locales y garantizar el desarrollo regional."
Jorge Esteban Santistevan Hurtado es abogado y politólogo