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Opinión| La basura que ya forma parte del paisaje

El problema tiene una dimensión mayor de la que muchos imaginan. La propia Alcaldía reconoce la existencia de 764...

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Opinión| La basura que ya forma parte del paisaje
Opinión| La basura que ya forma parte del paisaje
El problema tiene una dimensión mayor de la que muchos imaginan. La propia Alcaldía reconoce la existencia de 764 microbasurales distribuidos en distintos barrios de Santa Cruz.

Por: Miguel Angelo Suarez Melgar.

Cada mañana, doña Marta barre la vereda de su casa antes de que el sol caliente las calles de Santa Cruz. Apenas termina, vuelve a aparecer una bolsa de basura en la esquina. Horas después llegan los perros, rompen las bolsas y los desperdicios terminan esparcidos por la calle. «Uno limpia su casa, pero parece que nadie limpia la ciudad», dice con resignación mientras recoge lo que otros dejaron atrás.

La escena no ocurre en un solo barrio. Se repite en distintos puntos de la ciudad, donde la basura dejó de ser un problema ocasional para convertirse en parte del paisaje cotidiano. Lo más preocupante es que, con el paso de los años, muchos ciudadanos han terminado acostumbrándose a convivir con los malos olores, los microbasurales y las calles llenas de residuos como si fuera algo normal.

Sin embargo, esta realidad no apareció de la noche a la mañana. La gestión de residuos en Santa Cruz atraviesa una de sus etapas más difíciles. La escasez de diésel ha reducido aproximadamente un 30 % la capacidad operativa de la Empresa Municipal de Aseo Urbano (Emacruz), disminuyendo la frecuencia del recojo de basura. A ello se suman conflictos laborales y bloqueos que han afectado el funcionamiento del servicio.

El problema tiene una dimensión mayor de la que muchos imaginan. Según reportó EL DEBER, la propia Alcaldía reconoce la existencia de 764 microbasurales distribuidos en distintos barrios de Santa Cruz. No obstante, organizaciones ambientalistas elevan esa cifra hasta 1.780 puntos críticos, evidencia de una ciudad donde la basura continúa ganando terreno. El mismo medio informó que, en uno de los operativos municipales de limpieza, se retiraron 18 toneladas de residuos acumulados únicamente en estos focos clandestinos.

Pero el problema no termina en las calles.

Durante casi dos décadas, el vertedero de Normandía acumuló observaciones que hoy siguen siendo un referente para entender la crisis ambiental. Las Auditorías Ambientales de las Fases I y Preliminar (1995-2014) identificaron contaminación del acuífero superficial por materia orgánica y amonio, deficiencias en el tratamiento de lixiviados y riesgos de filtraciones provenientes de las lagunas de almacenamiento. Estos informes técnicos fueron elaborados en cumplimiento de la normativa ambiental vigente y constituyen uno de los diagnósticos más completos sobre la gestión de residuos en Santa Cruz.

Hoy, incluso el nuevo Complejo Metropolitano de San Miguel de los Junos comienza a mostrar señales de alerta. La laguna destinada al almacenamiento de lixiviados se acerca a su capacidad máxima, recordándonos que ningún relleno sanitario puede resolver por sí solo un problema que empieza mucho antes: en nuestros hogares.

La pregunta entonces resulta inevitable.

¿Seguiremos creyendo que el problema desaparece cuando el camión se lleva la basura?

¿O entenderemos que simplemente estamos trasladando el problema de un lugar a otro?

Muchas veces se culpa únicamente a las autoridades. Y es cierto que la planificación, la inversión y el control son responsabilidades del Estado. Pero también es cierto que miles de bolsas terminan diariamente en canales de drenaje, lotes baldíos y esquinas porque alguien decidió arrojarlas allí.

La basura habla de nosotros. Habla de nuestros hábitos, de nuestra educación ambiental y de la poca importancia que todavía damos a los espacios públicos. No basta con exigir más camiones recolectores si seguimos convirtiendo cualquier terreno vacío en un basural improvisado.

Por fortuna, también existen señales de esperanza. Cada vez son más frecuentes las campañas de separación de residuos, el trabajo de empresas dedicadas al reciclaje y las iniciativas ciudadanas que buscan reducir el impacto ambiental. Son esfuerzos importantes, pero aún insuficientes frente a una ciudad que produce miles de toneladas de residuos cada día.

Santa Cruz necesita una gestión moderna de residuos, con mayor inversión, mejor planificación y controles permanentes. Pero también necesita ciudadanos que comprendan que la limpieza de una ciudad no depende únicamente del municipio, sino de cada persona que decide dónde arroja una botella, una bolsa o un envase.

Porque una ciudad limpia no es aquella donde más se recoge basura.

Es aquella donde menos basura se genera y donde nadie considera normal ensuciar lo que es de todos.

Y mientras los microbasurales sigan creciendo y las montañas de residuos continúen ocupando nuestras calles, la pregunta seguirá esperando una respuesta.

¿Queremos seguir viviendo en una ciudad que aprende a convivir con la basura?

¿O finalmente asumiremos que el cambio comienza mucho antes de que pase el camión recolector?

Miguel Angelo Suarez Melgar es estudiante de Comunicación Social de la UPDS 
Etiquetas: Nacional Noticias UHTV

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