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26 jaguares en centros de custodia: una alerta sobre el tráfico impune en Bolivia

Publicado el 04/12/2025

26 jaguares en centros de custodia: una alerta sobre el tráfico impune en Bolivia
Los centros de custodia no reciben ayuda del Estado, resguardan la vida de jaguares decomisados en situaciones de ilegalidad. 


En 2024 justo cuando sucedían los incendios forestales llegó a la Gobernación de Santa Cruz un cachorro de jaguar con apenas un mes de vida, el animalito estaba al borde de la muerte, la gente que lo había encontrado en una propiedad ganadera no sabía cómo alimentarlo y le estaban dando leche vacuna, un alimento que, según veterinarios especializados, no cumple las necesidades nutricionales para esta especie ya que le estaba causando serios daños a su salud por el desbalance de lactosa, grasas y proteínas. Kobu, como lo llamaron, con muchos cuidados profesionales, superó esa situación y después de algunos meses, ya sano y fuerte, fue derivado a un centro de custodia, donde permanecerá por el resto de su vida. Y aunque Onca, el centro de custodia que lo recibió en Rurrenabaque, es un espacio boscoso y natural, ya no podrá estar en libertad.

Kobu se ha unido a la creciente lista de jaguares rescatados en Bolivia. Ahora forma parte de los 26 felinos que, tras ser entregados por mascotismo o decomisados por tráfico de fauna silvestre, residen en diversos centros de custodia. Estos incluyen Senda Verde y Vesty Pakos en La Paz,  Ambué Arí en Guarayos, el Zoológico de Santa Cruz, Onca en Beni y el Bioparque Urbano de Tarija. Cada uno de estos centros trabaja incansablemente para rehabilitar, entre muchos otros animales, a estos jaguares. 

El jaguar (Panthera onca) es el felino más grande de América y el tercero de mayor tamaño en el mundo, existe desde el norte de México hasta el norte de Argentina. Es una de las Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN clasificó a los jaguares como “Casi Amenazados”, por su disminución de la población del 20 – 25% en los últimos 25 años y la pérdida del 50% de su hábitat, sin embargo, esto no refleja necesariamente la situación en cada Estado donde habita.

El Libro Rojo de la Fauna Silvestre de Vertebrados de Bolivia lo categoriza como “Vulnerable (VU)”, una categoría de mayor riesgo que “Casi Amenazado”. No obstante, una de las medidas cautelares del Tribunal Agroambiental, emitidas en junio del presente año, dicta que el estado de conservación del jaguar en el Libro Rojo debe recategorizarse y elevar su estatus a “En Peligro”, por las múltiples amenazas que enfrenta, como la caza furtiva, la deforestación, la fragmentación del hábitat por la expansión agrícola y ganadera, y el conflicto con comunidades locales, sin perder de vista, que Bolivia vivió en 2024 los peores incendios de su historia cuando se quemaron 12,6 millones de hectáreas incluyendo territorios donde habitan jaguares. 

Bolivia – a pesar de contar con un Plan para la Conservación del Jaguar , y las recientes medidas cautelares resueltas por parte del Tribunal Agroambiental en 2025, la primera acción ambiental directa para la protección del jaguar y su hábitat –  enfrenta una cruda realidad: la legislación ambiental en el país no se fortalece en la práctica. La constante llegada de jaguares a los centros de rescate es un claro indicio de la persistencia de las amenazas listadas arriba. 

Según Nena Baltazar, representante de Ambue Arí, si bien se realizan decomisos y los animales son entregados a las autoridades, la ausencia de sanciones efectivas, un control riguroso y un seguimiento adecuado a los casos de tenencia ilegal, perpetúa el problema. “Mientras no haya sanción, esto no va a parar”, enfatiza Baltazar, subrayando la urgencia de medidas más contundentes para frenar esta ilegalidad que amenaza a una de las especies más emblemáticas de la fauna boliviana.

Historias de rescate y resiliencia en Ambue Arí
En el santuario Ambue Arí, ubicado en Guarayos  – Santa Cruz, cuatro jaguares encuentran un refugio seguro: Amira, Katie, Kusiy y “Jaguarcita”. Esta última, sin nombre, representa una promesa: ser el primer jaguar en Bolivia en someterse a un proceso de rehabilitación con miras a su liberación. 

Las historias de los otros residentes del santuario son un testimonio de la incansable labor de Ambué Arí: Amira, una adulta mayor de 20 años, fue rescatada en 2008 en Riberalta. Siendo una cachorra de apenas tres meses, la encontraron encadenada y maltratada en el patio de una casa, después de que su madre fuera asesinada. Hoy, disfruta de una vida tranquila, recibiendo cuidados veterinarios y una dieta especializada acorde a su edad.

Katie llegó a Ambue Arí en 2007, con apenas dos años. Su madre fue víctima del conflicto entre jaguares y humanos en estancias ganaderas. La jaguar fue mantenida ilegalmente como mascota hasta que su crecimiento hizo insostenible su tenencia. La separación temprana de su madre le dejó traumas profundos. Hoy, a sus 20 años, vive su vejez con secuelas óseas y articulares permanentes, pero rodeada de la selva en su cautiverio.

Kusiy, un macho de 10 años, llegó desde Shinahota, Cochabamba, cuando era un cachorro de solo un mes. Criado como mascota junto a perros, gatos y gallinas en condiciones precarias, fue rescatado gracias a la denuncia de vecinos. Presentaba múltiples problemas de salud: infecciones en la piel, pulgas, parásitos intestinales y una lesión ocular que casi le causa ceguera. En 2015, recibió atención veterinaria especializada en Machía antes de ser trasladado a Ambue Arí, donde ahora es un jaguar adulto, fuerte y lleno de energía.

Mantener animales de esta envergadura en cautiverio es una tarea monumental. Dado que no pueden ser liberados, es indispensable construir recintos gigantes que les permita desplazarse y vivir dignamente. “Solo el recinto de Kusiy costó 25 mil dólares americanos”, detalla Nena Baltazar. Los gastos de alimentación superan los 6 000 bolivianos por jaguar al mes. A esto se suman los salarios del personal —asistentes, veterinarios y guardafaunas—, los medicamentos y el impacto del incremento de costos que la crisis económica del país ha generado.

Onca: Los desafíos de sostener un santuario de Jaguares
En el corazón de la Amazonía boliviana, a orillas del río Beni, se encuentra  el Centro de Custodia de Fauna Silvestre ONCA. Bajo la dirección de Andrés Jiménez, este santuario se ha convertido en el hogar de jaguares como Beni, Khali y Kobu, cada uno con una historia de rescate y esperanza.

Andrés Jiménez, director del centro, subraya la importancia de la educación ambiental. Para él, es fundamental que la gente comprenda que tener animales silvestres como mascotas no solo es perjudicial para ellos, sino que también contribuye al tráfico ilegal de fauna.

Un nuevo capítulo para los jaguares de Play Land en Vesty Pakos
El Bioparque Vesty Pakos en La Paz es el hogar de seis jaguares. La Autoridad Ambiental Competente a nivel nacional tomó esta decisión crucial luego de un incidente que involucró la fuga de un jaguar, asegurando que Vesty Pakos, con sus instalaciones adecuadas, personal capacitado y vasta experiencia, ofrecía las condiciones óptimas para garantizar el bienestar de estos animales.

Con casi 30 años de experiencia en el manejo de esta especie, Vesty Pakos ha implementado un “Plan de Adaptación Progresiva”. Omar Rocha, administrador del centro, explica que este plan se basa en cinco pilares clave para asegurar la adecuada integración de los jaguares a su nuevo entorno, este plan incluye acondicionamiento de madrigueras con control de temperatura; ajustes estacionales en la dieta; enriquecimiento ambiental, ocupacional, alimenticio, entre otros, que son actividades que estimulan sus instintos naturales; cumplimiento de un programa sanitario con monitoreo a su estado de salud y comportamiento de manera continua, evaluaciones físicas y análisis médico veterinarios regulares, explicó Rocha.


Ocho jaguares entre el Zoológico de Santa Cruz de la Sierra y el Bioparque Urbano de Tarija
El caso de los jaguares en el Bioparque Urbano de Tarija es diferente al resto. Sus tres felinos —dos machos y una hembra— nacieron en cautiverio. 

La veterinaria a cargo, Alejandra Garzón, asegura que todos gozan de buena salud. “En general, están muy bien, muy activos y reciben la alimentación y los cuidados necesarios”, comenta Garzón. Un cambio significativo para ellos ha sido la ampliación de sus espacios, pasando de recintos de 4×4 metros cuadrados a 800 metros cuadrados, lo que mejora considerablemente su calidad de vida.

El Zoológico de Santa Cruz de la Sierra alberga a cinco jaguares. 

Mario Zambrana, jefe del Departamento de Conservación y Manejo de Vida Silvestre del Zoológico Municipal de Santa Cruz, explica que en este zoológico, el veterinario encargado formula una dieta específica para cada jaguar. Esta atención individualizada considera la edad, el peso y el nivel de actividad de cada felino para prevenir problemas metabólicos como el sobrepeso, el bajo peso o la acumulación de ácido úrico, una afección común en jaguares en cautiverio. Zambrana subraya que, a diferencia de su estado natural donde caminan kilómetros, la actividad drásticamente reducida en recintos cerrados puede provocarles problemas de salud, haciendo esencial una nutrición y cuidados precisos.

Mientras Bolivia siga perdiendo sus bosques primarios tropicales y lidiando con incendios devastadores que aniquilan el hábitat del jaguar, de nada servirán los planes de conservación. La legislación ambiental se muestra ineficaz en la práctica y la constante llegada de estos felinos a los centros de rescate sin ninguna acción judicial, es una clara señal de que el tráfico y el mascotismo persisten impunes. Así, la fauna boliviana seguirá pagando el alto precio de la indiferencia y la ilegalidad.



Fuente: RAI Red Ambiental de Información, por Erika Bayá

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