De la tumba vacía al compromiso diario: La Iglesia nos invita a vivir la fe con coherencia
Publicado el 05/04/2026
Hoy es domingo de Pascua. Mons. René Leigue Cesari, animó al Pueblo de Dios a dejarse renovar por la Resurrección de Cristo, recordando que este es tiempo de volver a empezar, de levantar el ánimo y de vivir una fe más viva y comprometida.
En el marco de la Solemne Vigilia Pascual, corazón de la fe cristiana, René Leigue Cesari, Arzobispo de Santa Cruz de la Sierra, presidió la celebración en la catedral, marcando el paso de la oscuridad a la luz de Cristo resucitado. La liturgia comenzó en el atrio con la bendición del fuego nuevo, signo de la vida que vence a la muerte.
A continuación, el Arzobispo realizó la incrustación de los cinco granos de incienso en el Cirio Pascual, recordando las cinco llagas gloriosas de Cristo. Encendido el cirio con el fuego bendecido, fue conducido en procesión hacia la nave central mientras resonaba el anuncio: “Luz de Cristo”, al que el pueblo respondió encendiendo sus velas, participando así de la luz que disipa toda tiniebla. En este clima de profunda espiritualidad, la Iglesia proclamó con gozo la Resurrección del Señor.
La alegría de la resurrección
En su homilía, el Arzobispo invitó a los fieles a vivir con intensidad el gozo pascual, recordando que la Resurrección no es solo un acontecimiento del pasado, sino una experiencia viva que transforma el presente. En esta noche santa, el anuncio central es la victoria de Cristo sobre la muerte, una noticia que disipa el miedo y renueva la esperanza en el corazón del creyente: _“No tengan miedo, estoy con ustedes”._ Esta certeza se convierte en fuente de alegría auténtica para quienes reconocen que Dios camina a su lado.
La transformación del corazón
El mensaje también profundizó en la necesidad de una conversión interior, evocando la promesa de Dios de transformar el corazón humano. La Resurrección no solo trae consuelo, sino que impulsa un cambio real en la vida de las personas, pasando de la dureza a la sensibilidad, de la indiferencia al amor: _“Yo les daré un corazón de carne… les sacaré ese corazón de piedra”._ Este llamado interpela a vivir una fe que se traduzca en humanidad, compasión y apertura al otro.
Volver a Dios como signo de esperanza
Mons. Leigue destacó como signo esperanzador la participación de numerosos fieles en las celebraciones, interpretando este retorno como una manifestación de fe en el Dios de la vida. Sin embargo, también advirtió sobre el riesgo de alejarse nuevamente, recordando que muchas veces es el propio ser humano quien se aparta del camino: “Somos nosotros a veces que tomamos otro camino, nos alejamos de Él”. La Pascua se presenta así como una oportunidad concreta para volver a Dios.
La fe como camino permanente
En esta misma línea, el Arzobispo exhortó a no reducir la vivencia cristiana a momentos aislados o celebraciones puntuales, sino a asumirla como un camino constante de seguimiento. La fe exige perseverancia, oración y compromiso diario: _“El discípulo del Señor tiene que seguirlo cada día”._ La invitación es clara: renovar el compromiso bautismal y sostener una relación viva con Dios en lo cotidiano.
De la muerte a la vida cristiana
La reflexión también subrayó el riesgo de quedarse únicamente en la contemplación del sufrimiento y la muerte de Cristo, sin dar el paso hacia la alegría de la Resurrección. En este sentido, se hizo un llamado a vivir integralmente el misterio pascual: _“No nos quedemos con la muerte… celebramos la vida”._ La fe cristiana alcanza su plenitud en la vida nueva que brota del sepulcro vacío.
Compromiso y Testimonio Cristiano
Asimismo, se insistió en que la fe no puede quedar encerrada dentro del templo, sino que debe manifestarse en todos los ámbitos de la vida. El verdadero discípulo da testimonio con sus acciones, en su entorno familiar, laboral y social: _“Demuéstrenlo con su testimonio”._ La coherencia entre lo que se celebra y lo que se vive es fundamental para anunciar auténticamente el Evangelio.
*La resurrección como nuevo comienzo*
Finalmente, Mons. Leigue animó a los fieles a asumir la Pascua como un nuevo comienzo, una oportunidad para retomar con fuerza la vida cristiana. La Resurrección es fuente de vida abundante y camino de renovación personal y comunitaria: _“Que sea un inicio de retomar otra vez nuestra vida cristiana”._ Con esta esperanza, la Iglesia renueva su confianza en que el Señor acompaña, guía y sostiene a su pueblo.
Dios camina con su pueblo y hace nuevas todas las cosas
La Solemne Vigilia Pascual se vivió así como un verdadero paso de la oscuridad a la luz, donde el Pueblo de Dios en Santa Cruz, renovó su fe en Cristo resucitado. En medio de los desafíos actuales, el llamado del Arzobispo resuena con fuerza: _Vivir la alegría de la Resurrección no solo como celebración, sino como compromiso concreto de transformación personal y social,_ confiando en que Dios sigue caminando con su pueblo y haciendo nuevas todas las cosas.
En este espíritu de fe y esperanza, la Iglesia expresa su cercanía y desea a todo el Pueblo de Dios en Santa Cruz una feliz y bendecida Pascua de Resurrección, invitando a vivirla con alegría, compromiso y confianza en el Señor.