La exportación minera genera dólares que aún no alimentan al Estado
Publicado el 18/08/2026
El Estado capta recursos a través de regalías, impuestos y la actividad de Comibol, pero una parte sustancial del excedente permanece en los operadores.
Las exportaciones mineras marcaron un salto extraordinario en 2026 y pueden cerrar el año en un nivel histórico. El problema es que el valor exportado no equivale automáticamente a dólares que ingresan al Banco Central de Bolivia (BCB). El reto para Bolivia es convertir el auge de precios en inversión, producción, recaudación y divisas efectivamente disponibles para la economía.
Bolivia atraviesa una paradoja que hace pocos años habría resultado difícil de imaginar. Mientras la economía enfrenta una persistente escasez de dólares, el sector minero se ha convertido en el principal generador de divisas del comercio exterior y avanza hacia un nuevo récord de ventas al mundo.
Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones de minerales alcanzaron, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) procesados por el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), $us 4.452 millones, un incremento de 91% en valor respecto a igual periodo de 2025. El salto es particularmente llamativo porque se produjo pese a una caída de 12% en el volumen exportado.
“Los $us 2.126 millones de incremento absoluto se debe simple y llanamente, a un benéfico efecto-precio”, señala Gary Rodríguez, gerente general del IBCE, al explicar que Bolivia está recibiendo mucho más por cada tonelada exportada, aun cuando su producción física no está creciendo en la misma proporción.
La fotografía permite entender el nuevo papel de la minería en la economía boliviana: el país está obteniendo más dólares sin aumentar sustancialmente la cantidad de minerales que produce.
Es una oportunidad extraordinaria, pero también una advertencia. Si el auge depende fundamentalmente de las cotizaciones internacionales y no de una expansión de la producción, nuevas inversiones, mayor productividad y una mejor captura de la renta, el fenómeno puede terminar siendo más coyuntural que estructural.
Minería supera a hidrocarburos
Los datos de comercio exterior muestran con claridad el cambio de modelo. En 2025, Bolivia exportó minerales por alrededor de $us 5.714 millones, según los registros de comercio exterior. El BCB, utilizando estadísticas de balanza de pagos, registró un valor de $us 5.625 millones para las exportaciones mineras. En ambos casos, la conclusión es la misma: la minería se consolidó como el principal componente de las exportaciones tradicionales.
El contraste con los hidrocarburos es contundente. El BCB registró en 2025 exportaciones mineras por $us 5.625 millones frente a $us 1.082 millones de hidrocarburos. Es decir, la minería generó más de cinco veces el valor exportado por este último sector.
El INE, detalla que, entre enero y mayo de 2026, los minerales representaron 72,36% del valor de las exportaciones tradicionales, mientras los hidrocarburos apenas alcanzaron el 5,59%.
El cambio es consecuencia, en buena medida, del desplome de las ventas de gas natural. El viejo modelo exportador boliviano, sustentado en el gas enviado a Argentina y Brasil, perdió capacidad de generar divisas a medida que disminuyó la producción y se contrajeron los volúmenes exportados.
Distribución de los recursos
Que un sector exporte muchos dólares no significa que todos esos dólares terminen en las cuentas del Estado. Ahí está uno de los principales límites del actual boom minero; pues de los $us 4.452 millones exportados solo un porcentaje llega a las arcas del Estado. Esta distinción resulta crucial en un momento en que el Gobierno necesita divisas para pagar deuda externa, financiar importaciones, adquirir combustibles, cubrir compromisos internacionales y sostener el funcionamiento de la economía. Una parte importante de la minería boliviana está en manos privadas y cooperativas.
Según Rodríguez, más del 90% de las ventas externas de minerales corresponde a empresas privadas y cooperativas, mientras que menos del 10% estaría relacionado con la minería estatal.
El analista minero, Héctor Córdova, plantea una lectura todavía más crítica: los casi $us 4.500 millones exportados en el primer semestre no deben interpretarse como una cantidad equivalente de dólares que ingresa al BCB.
El valor generado por las operaciones privadas y cooperativas sirve para cubrir costos, realizar nuevas operaciones, pagar obligaciones y generar excedentes. Pero esos recursos no necesariamente pasan por el BCB ni se convierten automáticamente en reservas internacionales.
En cambio, el valor de la producción de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) sí tiene una relación directa con las divisas del Estado. La empresa estatal informó que durante 2025 realizó un aporte total de Bs 2.148 millones a la economía nacional.
Por eso, la discusión central ya no es solamente cuánto exporta la minería. La pregunta más importante es: ¿cuánto de ese valor se convierte efectivamente en dólares disponibles para Bolivia?
Durante el ciclo de mayor producción hidrocarburífera, la participación estatal era mucho más directa. YPFB concentraba la comercialización y una parte sustancial de los ingresos provenientes de la exportación de gas, mientras que el Estado captaba una proporción importante de la renta mediante impuestos, regalías y participación directa.
En la minería, la estructura es diferente. Existe una combinación de empresas estatales, privadas y cooperativas. El Estado capta recursos a través de regalías, impuestos y la actividad de Comibol, pero una parte sustancial del excedente permanece en los operadores.
Córdova estima que la carga fiscal minera ronda el 9% del valor explotado, sumando impuestos y regalías, aunque la magnitud varía según el mineral y las condiciones del mercado.
Esto ayuda a explicar por qué $us 1.000 millones exportados en minería no tienen el mismo impacto fiscal que $us 1.000 millones generados bajo un esquema de fuerte participación estatal como el que existió en los hidrocarburos.
¿Se beneficia la población?
Sí, pero el beneficio no se produce de una sola manera ni se distribuye uniformemente.
El primer impacto está en el empleo. La actividad minera demanda mano de obra directa y servicios asociados: transporte, alimentación, mantenimiento, maquinaria, construcción, comercio, logística y servicios especializados.
El segundo está en las regalías e impuestos. El tercero está en las exportaciones. Y existe un cuarto efecto particularmente relevante en la coyuntura actual: la generación de divisas.
Rodríguez sostiene que el ingreso de dólares provenientes de las exportaciones mineras contribuye a aliviar la presión sobre el mercado cambiario y, por esa vía, reduce el costo potencial de las importaciones.
Una economía que no genera suficientes dólares debe obtenerlos mediante endeudamiento, inversión extranjera, reservas o restricciones a las importaciones. Cuando las exportaciones mineras aumentan, se abre una fuente adicional de divisas.
Pero hay que evitar una simplificación: los dólares de una exportación minera no necesariamente ingresan todos al BCB ni están disponibles para que el Estado financie sus obligaciones. La minería ayuda a generar dólares para la economía; otra discusión es cuánto de esos dólares captura el Estado.
Valor agregado
Bolivia continúa exportando buena parte de su producción minera en forma de concentrados. Eso significa que una parte de la cadena de valor —fundición, refinación, transformación industrial y fabricación de productos terminados— ocurre fuera del país.
El propio debate planteado por Córdova apunta a la necesidad de fortalecer las capacidades metalúrgicas nacionales.
Entre sus propuestas están aumentar la producción de estaño de Huanuni, Colquiri y Chorolque; desarrollar una estrategia para elevar la producción de antimonio y bismuto; rehabilitar fundiciones; modernizar Karachipampa para aprovechar los elevados precios de la plata; e incrementar la producción de cobre de Corocoro.
El objetivo es sencillo de formular, aunque complejo de ejecutar: que Bolivia no venda solamente roca, concentrados o metal primario, sino que capture una mayor proporción del valor generado por sus recursos naturales.
Fuente: El Deber