Desde las luchas por la independencia y la defensa del territorio hasta la educación, el arte y el civismo, numerosas mujeres dejaron huella en la construcción de Santa Cruz. El libro de Carlos Dabdoub Arrien recupera sus nombres y sus historias, muchas de ellas durante décadas relegadas del relato histórico.
Cada 10 de septiembre, Santa Cruz conmemora el Día de la Mujer Cruceña, una fecha establecida mediante la Ley Autonómica Municipal GAMSCS N.º 066/2015. La elección del día tiene, además, una doble referencia histórica: coincide con el nacimiento de Elffy Albrecht Ibáñez, primera abogada cruceña y una de las principales figuras del movimiento cívico femenino, y recuerda la adhesión, el 10 de septiembre de 1810, a la causa independentista.
Detrás de la fecha, nombres poco conocidos en la historia
En Mujeres en la historia cruceña. La mitad invisible de la historia, Carlos Dabdoub Arrien reúne las historias de mujeres que participaron en distintos momentos de la construcción social, cultural y política de Santa Cruz. La segunda edición, publicada en 2021, abarca desde las épocas precolombina y colonial hasta mujeres vinculadas con el arte, la educación, el voluntariado y las luchas cívicas.
Ana Barba, una mujer en la lucha por la independencia
Entre las figuras más emblemáticas aparece Ana Barba, vinculada a la Guerra de la Independencia.
Según el relato recogido por Dabdoub Arrien, después de la muerte del líder independentista Ignacio Warnes en la batalla de El Pari, en 1816, su cabeza fue colocada en una picota en la plaza. Ana Barba, junto con su esposo Francisco Rivero y con la ayuda de José Manuel Baca, "Cañoto", participó en la recuperación y ocultamiento de los restos de Warnes.
La obra señala que Barba conservó la cabeza del líder independentista hasta después de la proclamación de la independencia de Santa Cruz, en 1825, cuando hizo conocer su existencia y se realizaron sus funerales.
Su historia es presentada como parte de la participación de mujeres que, durante la guerra independentista, no solo acompañaron a los combatientes, sino que también participaron en tareas de logística, espionaje, atención de heridos y, en algunos casos, en la propia lucha.
Ignacia Zeballos: de Santa Cruz al campo de batalla
Décadas después, otra cruceña destacó en una guerra distinta.
Ignacia Zeballos Taborga, nacida en la Enconada, actual provincia Warnes, en 1831, se incorporó voluntariamente a la Guerra del Pacífico.
El libro relata que recorrió más de 1.500 kilómetros para incorporarse a la contienda y que, durante las batallas, prestó atención a los soldados heridos y ayudó a las llamadas "rabonas", además de contribuir a evitar que soldados heridos fueran rematados en el campo de batalla.
Por sus servicios, la Convención Nacional de 1880 la declaró Benemérita de la Patria, le otorgó el grado de capitán de Sanidad y estableció una pensión vitalicia.
Su historia muestra otro rostro de la participación femenina en los conflictos bélicos: el cuidado y la asistencia sanitaria también fueron formas de servicio y defensa de la patria.
Flora Salas: del cuidado de los heridos al combate
Durante la Guerra del Acre aparece otro nombre: Flora Salas, nacida en San José de Chiquitos entre 1875 y 1880.
Cuando estalló la rebelión separatista de 1902 en el Acre, inicialmente participó como enfermera en la atención de los heridos. Sin embargo, durante el prolongado cerco, las necesidades de defensa llevaron a las mujeres a ocupar posiciones de combate.
Dabdoub Arrien relata que Salas terminó combatiendo junto a los hombres, incluso en condiciones de escasez de alimentos y dificultades climáticas. Tras la caída de Puerto Alonso fue tomada prisionera y trasladada a Manaos.
Las "hacedoras de pueblos"
La historia de Santa Cruz también fue construida lejos de los campos de batalla.
El libro dedica un capítulo a las "hacedoras de pueblos", mujeres vinculadas a la expansión y consolidación de comunidades del oriente boliviano.
Entre ellas figura Mercedes Rivero Zarco, cuya historia está marcada por la migración, la maternidad, las dificultades económicas y la supervivencia en circunstancias extremadamente adversas.
Su presencia permite ampliar la mirada sobre el aporte femenino: la construcción de una sociedad no ocurre solamente en escenarios políticos o militares, sino también en el hogar, la educación, el trabajo y la vida comunitaria.
Carmen Ortiz Parada y el camino de la educación
En el campo educativo destaca Carmen Ortiz Parada, nacida en Santa Cruz en 1903.
Quedó huérfana a los 14 años y viajó hasta Sucre "a lomo de mula" para ingresar a la Escuela Normal de Maestros. Dabdoub Arrien la identifica como una de las primeras figuras de la formación normalista vinculadas a Santa Cruz.
Fue profesora del Liceo de Señoritas Monseñor Santistevan y de la escuela Mamerto Oyola. Posteriormente dirigió varios establecimientos educativos y ejerció como docente de Historia e Instrucción Cívica.
Su trayectoria representa el papel que tuvo la educación en la apertura de nuevas oportunidades para las mujeres cruceñas.
Felicidad Ardaya: educación, liderazgo y servicio
Otra de las maestras destacadas por Dabdoub Arrien es Felicidad Ardaya, egresada con distinción de la Escuela Normal de Sucre en 1923.
Fue maestra en las escuelas Rafael Peña y Mamerto Oyola y posteriormente asumió la dirección de una de las principales escuelas para niñas de la época. Bajo su gestión, la demanda creció hasta superar la capacidad de los cursos disponibles.
También fue docente de la Escuela Normal de Sucre, integró el plantel de la Escuela Normal Enrique Finot y llegó a desempeñarse como Directora General de Educación Técnica Femenina.
Su trayectoria no quedó limitada a las aulas. También participó en organizaciones gremiales, presidió la Cruz Roja de Santa Cruz y estuvo vinculada a distintas iniciativas de servicio social y cívico.
Elffy Albrecht: educación, derecho y civismo
Entre las protagonistas más importantes del siglo XX aparece Elffy Albrecht Ibáñez.
Estudió en la Normal de Sucre y posteriormente Derecho en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, donde se graduó como la primera abogada cruceña. También fundó la Federación de Mujeres Profesionales.
Su nombre quedó ligado especialmente a las luchas cívicas por la recuperación de las regalías petroleras.
En 1957 creó la Unión Femenina Cruceña, que ese mismo año se transformó en el Comité Cívico Femenino. Como primera presidenta, lideró la participación organizada de las mujeres en la lucha cívica.
El libro registra que más de 1.000 mujeres cruceñas, sin distinción de clases sociales ni edad, se reunieron en la Plaza Blacutt para organizar la Unión Femenina Cruceñista bajo el liderazgo de Albrecht.
La movilización femenina también tuvo una expresión inédita: el 6 de diciembre de 1957, mujeres de distintos sectores protagonizaron una huelga de hambre mientras en otros puntos se desarrollaban enfrentamientos vinculados a las luchas cívicas.
Gladys Moreno: la voz de Santa Cruz
La historia femenina cruceña también se escribió con música.
Gladys Moreno Cuéllar, nacida en 1933, es presentada por Dabdoub Arrien como una de las grandes intérpretes de la música del oriente boliviano.
Su carrera comenzó desde muy joven. A los 13 años participó en una función de beneficencia y en 1948 inició sus presentaciones artísticas en Radio Electra de Santa Cruz. A los 16 años grabó su primer disco.
Su trayectoria la llevó a escenarios de Brasil y a grabar para RCA Víctor Internacional. En 1962 fue nombrada Embajadora de la Canción Boliviana y posteriormente cantó en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA). En 1980 recibió la condecoración del Cóndor de los Andes.
Su interpretación de "Viva Santa Cruz" terminó convirtiéndose en una de las expresiones musicales más identificadas con la tierra cruceña.
Una historia que va mucho más allá de estos nombres
El libro de Dabdoub Arrien incluye muchas otras mujeres vinculadas a las letras, las artes, el teatro, el periodismo, la educación, el voluntariado y el movimiento cívico.
Entre ellas aparecen Mirette Sciaroni Durán, vinculada a la educación y fundadora de establecimientos educativos; Natalia Soli, primera mujer en Santa Cruz en ejercer como jefa del Distrito Escolar y promotora de escuelas nocturnas y centros de alfabetización; y Rogelia Rojo Menacho, maestra, poeta, declamadora y la primera mujer cruceña que trabajó como locutora de Radio Oriental en la década de 1940.
También aparecen numerosas mujeres vinculadas al voluntariado y a instituciones de servicio social, una dimensión que el autor considera fundamental para comprender el desarrollo de la sociedad cruceña.
La "mitad invisible" de una historia
El propio título del libro de Dabdoub Arrien plantea una idea central: la historia puede quedar incompleta cuando solo se cuenta desde quienes ocuparon los espacios tradicionalmente visibles de poder.
La obra recorre casi cinco siglos de historia y reúne nombres de mujeres que estuvieron presentes en momentos decisivos: algunas empuñaron armas, otras curaron heridos; unas educaron generaciones, otras defendieron causas cívicas; algunas transformaron el arte y la cultura, mientras otras sostuvieron comunidades y obras de servicio.
Por eso, el Día de la Mujer Cruceña puede ser también una oportunidad para mirar la historia desde otra perspectiva.
No se trata únicamente de recordar a unas cuantas heroínas, sino de reconocer que la construcción de Santa Cruz también tiene nombre de mujer.
Y muchos de esos nombres, como muestra la obra de Carlos Dabdoub Arrien, todavía merecen ser conocidos por nuevas generaciones.