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Opinión | Esta historia no habla solo de economía. Habla de madurez

Quiero hablar del tema del subsidio a los combustibles desde la perspectiva de la psicología política. No como una...

Por Redacción UHTV 1 lectura
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Quiero hablar del tema del subsidio a los combustibles desde la perspectiva de la psicología política. No como una discusión técnica de economistas, sino como una historia sobre cómo reaccionamos, qué miedos se activan y por qué este tema, una y otra vez, nos lleva al borde del abismo.

Por Ana Lucía Velasco

Desde mediados del siglo XX, en Bolivia nos hemos ido acostumbrando a convivir con precios irreales como forma de evitar conflictos sociales y postergar decisiones difíciles. Cuando no hubo recursos suficientes, el Estado recurrió al Banco Central y a la emisión monetaria, trasladando el costo al futuro a través de la inflación. Cuando sí hubo bonanza, se utilizaron esos réditos para sostener un tipo de cambio artificialmente bajo o para mantener precios ficticios de los combustibles, desconectados de sus costos reales. Cambiaron los contextos, los gobiernos y las fuentes de financiamiento, pero la lógica fue la misma: abaratar el presente, aun cuando eso significara acumular desequilibrios que tarde o temprano terminarían en crisis.

Esta historia no habla solo de economía. Habla de madurez.

Carl Jung diría que una sociedad madura es la que se atreve a mirar su propia sombra. En Bolivia defendemos el subsidio como justicia social, pero evitamos ver su lado oscuro: contrabando, gasto fiscal enorme, beneficios desiguales y una dependencia que nos ahoga. Lo que no queremos ver, lo proyectamos en otros. Y así no hay debate posible.

Aristóteles llamaba prudencia a la capacidad de decidir bien en situaciones difíciles. No se trata de decisiones populares, sino responsables. Aquí pasó lo contrario: ningún gobierno quiso ser el adulto impopular y la sociedad castigó a quien intentó decir la verdad. Preferimos no tocar el tema antes que asumir un costo compartido.

Y el cierre más duro lo pone Erik Erikson: la madurez aparece cuando dejamos de pensar solo en nosotros mismos y pensamos en la siguiente generación. El subsidio ha sido un analgésico político perfecto: calma el dolor hoy, pero le pasa la factura a nuestros hijos. Cada crisis repite lo mismo: no resolvemos, heredamos el problema y volvemos a estallar.

Por eso esto no se destraba solo con números. Bolivia tiene un déficit psicológico (miedo a perder), un déficit político (desconfianza y polarización) y un déficit narrativo (nunca se explicó el subsidio como una medida transitoria y costosa, sino como un derecho eterno).

La conclusión incómoda es esta: Bolivia no solo necesita una reforma del subsidio, sino una reforma de la conversación pública. La falta de madurez no fue solo de los gobernantes sino de la sociedad, ya que históricamente la calle (y últimamente las redes) castigan cualquier tipo de sinceramiento y convierten el tema en un tabú. Hasta que no podamos hablar de esto sin gritar, sin culpar y sin huir, el ciclo se va a seguir repitiendo.

Somos la generación que tiene la responsabilidad histórica de romper el ciclo y dejar de heredarle humo a nuestros hijos y nietos. Podemos dejar de ser la generación egoísta que prefiera estabilidad instantánea antes que sostenibilidad para el futuro. La pregunta es ¿tenemos el valor de ser esa generación?

Escrito por Ana Lucía Velasco, politóloga boliviana.
Etiquetas: Nacional Noticias UHTV

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