Opinión | Las cosas del poder
Publicado el 27/02/2026
El desafío de Saavedra no es llegar al poder. Es no convertirse en lo mismo que denunció. Las cosas del poder son así. Exponen a unos y protegen a otros. No dependen solo de la verdad, sino de quién tiene la fuerza para imponerla.
Durante años, el concejal Mamen Saavedra denunció hechos de corrupción en la Alcaldía de Santa Cruz. Lo hizo una y otra vez, de manera persistente, señalando sobreprecios, contratos lesivos y presuntas irregularidades que causaron daño económico al municipio. Construyó su carrera política sobre esa línea: denunciar lo que otros callaban. Pero durante todo ese tiempo, ninguna de sus denuncias prosperó en la justicia.
Denunció durante las gestiones de Percy Fernández, Angélica Sosa y Jhonny Fernández. Lo hizo con documentos, con conferencias de prensa, con intervenciones en el Concejo Municipal. Pero sus denuncias no pasaron de la exposición pública. La Contraloría General del Estado nunca movió un dedo, el Ministerio Público miraba de palco y el Viceministerio de Transparencia se hacía el desentendido.
Los alcaldes denunciados tenían poder político y, sobre todo, mantenían una relación funcional con el gobierno central, dominado por el Movimiento al Socialismo. En Bolivia, esa relación suele garantizar impunidad. Cuando un líder es útil políticamente, las instituciones se mueven en la misma dirección del poder.
Jhonny Fernández ha perdido poder. Ya no es el aliado necesario, ni el actor fuerte que era. Su gestión está terminando, su influencia es menor y su futuro político es incierto. Y justo ahora, cuando su poder se debilita, las instituciones que antes no actuaban comienzan a operar. La Contraloría investiga, el Viceministerio interviene y la Fiscalía ordena la aprehensión.
Durante años, Saavedra tuvo poder mediático, visibilidad y credibilidad ante la opinión pública, pero no tenía el control del aparato institucional. Hoy la situación es distinta. Está cerca de convertirse en el nuevo alcalde y, con ello, de tener el poder real que antes no tenía. Y con ese cambio, también cambia la actitud de las instituciones.
Esto revela una verdad incómoda: en Bolivia, la justicia no actúa cuando aparecen las pruebas, sino cuando cambia el equilibrio político. Esto no significa que las denuncias sean falsas, sino que el momento en que se investigan depende menos de la evidencia y más del contexto político. El poder define los tiempos.
Hoy, Saavedra pasa de ser denunciante a ser protagonista. Durante años fue el crítico del sistema. Ahora tendrá la oportunidad de dirigirlo. Esa es la verdadera prueba. Porque es fácil denunciar la corrupción desde fuera. Lo difícil es gobernar sin repetirla desde dentro, mucho más cuando el poder central, pone a disposición de Saavedra todo el poder institucional para seducirlo con la impunidad.
Santa Cruz espera una gestión diferente. Espera coherencia entre el discurso y la acción. Espera que el poder no sea un fin, sino una herramienta para mejorar la ciudad.
Pero la historia enseña que el poder cambia a las personas. Las alianzas, las presiones y los intereses aparecen rápidamente. El mismo sistema que hoy facilita el ascenso puede mañana exigir lealtades.
Editorial del diario El Día