Opinión| El desarrollo no se espera, se decide
Publicado el 02/08/2026
La Chiquitania tiene tierra, vocación productiva y una posición geográfica privilegiada desde hace décadas.
Escrito por Jeremías Méndez Justiniano
Ayer, en el 278 aniversario de San Ignacio de Velasco, aterrizaron más de veinte aeronaves privadas con empresarios del agro de Mato Grosso, encabezados por Eraí Maggi, el “rey de la soya”. El presidente Rodrigo Paz se reunió con ellos y firmó, junto al estado de Mato Grosso, dos convenios: los estudios del corredor vial San Ignacio–Marfil–frontera con Brasil y una conexión aérea Cuiabá–San Ignacio–Viru Viru.
Es una buena noticia. Pero hay un gran detalle que dice más que los convenios.
El aeropuerto de San Ignacio se inauguró en 2018 y hasta hoy no opera en régimen regular. Ayer funcionó como terminal internacional por un día. No lo activó una política pública: lo activó una comitiva extranjera que necesitaba llegar.
Lo mismo pasa con el camino. Mato Grosso ya está pavimentando sus 80 kilómetros hasta la frontera y termina en 2027. Nosotros recién vamos a estudiar los nuestros. El vecino llega con obra; nosotros llegamos con papeles.
Ahí está la llamada de atención. La Chiquitania tiene tierra, vocación productiva y una posición geográfica privilegiada desde hace décadas. Lo que no ha tenido es un Estado que decida qué hacer con eso antes de que alguien más lo decida por nosotros.
El desarrollo del oriente no puede depender de que un empresario brasileño se interese. Tiene que nacer de una política nacional que priorice caminos, energía y logística porque el país los necesita, no porque el capital extranjero los pida.
Bienvenida la inversión. Pero la agenda ahora tiene que ser nuestra.
En lo inmediato, el Gobierno central debe tomar la iniciativa: cronograma, financiamiento y obras. Aquí no falta empuje. Santa Cruz siempre tuvo iniciativas; lo que sobra es el centralismo que las posterga. Los 90.000 títulos ejecutoriales que la anterior gestion del INRA tenia guardados en un cajón, son el mejor ejemplo de semejante barbaridad postergadora.
Y de fondo queda lo que ninguna carretera resuelve: una región que produce, exporta y sostiene al país necesita de manera urgente decidir sobre su propio desarrollo.
Esa es la verdadera integración y empieza desde adentro con DECISIÓN.
Jeremías Méndez Justiniano es abogado y académico.